El problema

EL PROBLEMA 

 

Cuando vives en una cultura que te miente para aprovecharse de ti, tú necesitas saber cómo funciona la trampa. Cuando te obligan a funcionar como rata de laboratorio, tú necesitas saber cómo funciona la trampa. Cuando tu tiempo se agota sin que puedas dedicarte ni un solo minuto, tú necesitas saber cómo funciona la trampa. Cuando a tus propios hijos los obligan a una educación que no invita a soñar, tú necesitas saber cómo funciona la trampa. Cuando se aprovechan permanentemente de tu ignorancia, tú necesitas saber cómo funciona la trampa. Cuando, haciendo balance, te das cuenta de que siempre pierdes, tú necesitas saber cómo funciona la trampa. Cuando no puedes evitar pisar siempre el palito, túnecesitas saber cómo funciona la trampa.

 

El fin de la «Hipnocracia»: el curso que te abre los ojos frente a las trampas de la cultura.

 

«La cultura es un campo minado. A cada paso que das, en cada decisión que tomas, puedes estar comprometiendo el futuro de tus verdaderas posibilidades».

 

La cultura de hoy —la realidad en la que vivimos, en la que nos reproducimos, trabajamos y nos morimos— no es másque un conjunto de ideas tramposas, elegantemente entretejidas para crear la ilusión de ser un cuerpo compacto, consistente, lógico, eficiente, operativo y deseable.

 

Intuitivamente tú presientes que algo no cuadra, y son muchos los que así experimentan lo que antes eran certezas absolutas, convicción y fe ciega en el sistema o en alguna de las interpretaciones ideológicas. Creías que lo malo era originado por el diablo o por el enemigo político.

 

Mantener funcionales las mentiras creadas desde hace siglos y seguir convenciéndote se le hace cada vez más difícil a este sistema, y es por eso que están quemando fusibles, para no trancar la maquinaria completa; y hoy, esos fusibles son los políticos. Ya nadie los quiere y todos sospechan de ellos, y hay una corriente de pensamiento que ha cobrado una fuerza importante y que no se muerde la lengua a la hora de echarles la culpa de todos nuestros males.

 

Y no puede negarse que ellos, en mayor o menor medida (aunque los hay completamente ingenuos e inocentes), ellos, digo, han sido los responsables directos de la difusión de las mentiras, pero solo son fusibles. Son solo el eslabón final de la cadena que conecta a las esferas del poder, creadoras de la ficción de esta realidad, con la consciencia y el entendimiento general de las masas humanas.

 

No debemos confundirnos con este nuevo pase de ilusionismo propuesto por esta cultura. Si nuestra experiencia tuvo un valor, debimos haber aprendido algo.

 

Todos los mecanismos y herramientas que ha ido usando para crear la ilusión de que la realidad solo puede edificarse del modo en que se hizo y proponen —incluida la iglesia cristiana en Occidente y el sistema obligatorio de educación general— son parte de su poder de manipulación de la consciencia de masas, y parte de la estrategia de control de tu inteligencia.

 

Tu modo de pensar se ajusta punto por punto al plan de regulación del uso de la inteligencia para cada individuo en Occidente.

 

Las palabras que te ofrecen para construirla, las que destruyen para imposibilitarte su uso y ocultarte interpretaciones, los contenidos tácitos, los impedimentos morales, las capacidades aprovechadas y las que no, los sesgos cognitivos, los roles sociales, la sacralidad de ciertas instituciones, la organización de la cotidianidad, los intereses masivos, las preferencias alimentarias, los modelos de crianza, la forma de manifestar y ejercitar el amor, la escala de prioridades, los escalafones jerárquicos, la carga de significado de los símbolos, el uso del tiempo y hasta la estructura del duelo… todo, todo, todo fue prediseñado acorde a un plan de ordenamiento para el gobierno de masas.

 

De hecho, las propias masas fueron creadas en determinado momento por la utilidad del conjunto para la producción masiva de bienes de consumo y para la distribución localizada de esos mismos bienes.

 

Así las cosas, estamos dentro de una escenografía con papeles adjudicados para vivir la vida acorde a la idea que los que gobiernan de verdad entienden que debemos vivirla. Nuestros pudores, nuestros tabúes, nuestras limitaciones, son producto del diseño.

 

El diseño social es siempre necesario para no perdernos por completo, es la brújula que nos guía por los caminos de la vida en armonía con el entorno y con los otros, pero ese diseño debe respetar la condición humana, porque no somos las máquinas que nos quieren hacer creer que somos.

 

Nuestra naturaleza es un activo de la condición humana y sobrevive aún después de las agresiones sufridas por los grupos de poder que siempre nos han querido formatear, educar y limitar de una cierta manera. Como cuando le enseñamos a nuestra mascota dónde puede y dónde no puede hacer qué cosas.

 

Nosotros somos ese perro que, por vivir acostado bajo la mesa, entre los pies del amo, esperando que le llenen el plato para zamparse la próxima comida, pierde todos sus instintos propios y desperdicia su propia naturaleza.

 

La ausencia de razonamiento en el perro justifica que sus instintos sean controlados, amoldados y hasta suprimidos para vivir en compañía de los seres humanos; pero no podemos tener el mismo procedimiento con el hombre, pues eso sería suponer que la inteligencia humana no tiene ningún valor en la capacidad de automoderación para lograr armonía al vivir en el conjunto.

 

Sin embargo, así nos han tratado y así nos tratan las leyes generales.

 

Acorde a este tratamiento, hemos atravesado distintas suertes a lo largo de la vida y la historia humana, y estas han tenido un profundo impacto en la constitución de nuestra psique y en la posibilidad de usarla para interpretar el acontecimiento dado al cual llamamos realidad.

 

La realidad en sí reviste diferencias para las personas porque el acontecimiento dado se compone de innumerables datos y el ser humano solo es capaz de procesar unos cuantos. Y esos que procesa son aquellos que el propio sistema intelectivo destaca como importantes, y es lógico suponer que las cosas que son importantes para uno no lo son para el otro, y de ahíque la interpretación de la realidad difiera.

Pero lo cierto es que el uso del sistema nervioso como interprete está condicionado por el formato, el diseño practicado sobre él por la cultura. Es decir, que en otra cultura nuestras ideas y formas de interpretación diferirían de cómo lo hacemos ahora.

 

Las historias personales pueden hacer que estemos conformes con la realidad que vivimos o no; también es lógico suponer que muchos no quieran cambiar nada y otros, en cambio, quieran cambiarlo todo.

 

Para estos últimos es este curso: para entender cómo la realidad es una convención que puede modificarse con un poco de esfuerzo planificado, sin pensar en términos como «revolución política» para lograrlo.

 

Este curso está dirigido a enseñar a aquellos que necesitan, que desean, que sueñan con escapar de una cultura mentirosa como la que nos sujeta.

 

Es un curso de redescubrimiento de aquellas potencias proscritas por esta cultura, pues su acción coordinada y sensible crearía nuevas condiciones personales de vida basadas en una nueva forma de pensar la realidad y de lograr que ese pensamiento mejore nuestra relación con la vida y sus oportunidades de crecimiento personal.

 

Gustavo Gelman

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